
¿Por qué Arica es la región con la mayor tasa de VIH-Sida en Chile?
Casos doblan la media nacional y los infectados de entre 10 y 19 años son el grupo más alto del país.
Oriana Fernández, Arica
"No era la anemia ni la faringitis lo que me tenía mal. Era una enfermedad más grave que no salí a buscar a la calle: me contagié en mi propia casa y a través de mi marido por 30 años". Nelly, 61 años. Supo hace tres años que tenía sida.
Su caso podría dar pistas a una de las preguntas que surgen tras las cifras del Ministerio de Salud sobre el VIH-sida: ¿Por qué en Arica hay un 11% más de mujeres infectadas que en el resto del país? Nelly dice: "Mi esposo es el hombre perfecto. No toma, ni fuma, es muy trabajador, cocina..., pero también a veces es mujer".
La Región de Arica-Parinacota no sólo es la zona con más mujeres afectadas por este mal. El área tiene la tasa histórica más alta de notificación y mortalidad por esta enfermedad en todo Chile. ¿Cuál es la razón? Hay varias, dicen en los centros de salud locales. Algunos apuntan sus miradas más al norte: Tacna, a escasos 45 minutos de Arica.
El "barrio rojo" de la ciudad peruana es un lugar común para algunos ariqueños, un mercado declarado, donde el sexo está al alcance de 15 soles ($ 3.000), un precio atractivo para jóvenes con poco dinero. "Es un fenómeno nuevo. Los resultados, seguramente, serán un problema a futuro", señala el inmunólogo Carlos Gallo, jefe del centro ETS del Hospital Juan Noé de Arica, donde se atiende la mayoría de los pacientes con VIH.
Los expertos sostienen que el contexto social de Arica favorece esta realidad. Según datos de Carabineros, en 2009, Arica tuvo la tasa de víctimas de violencia intrafamiliar más alta del país (60 víctimas cada 100 mil hab.), el consumo de drogas entre escolares supera la media nacional y la región (junto a Tarapacá) tiene el menor ingreso por hogar de Chile. Todo ello hace que sea una zona vulnerable, aseguran en la Seremi de Salud.
Las ONG que trabajan en prevención de la enfermedad están preocupadas por la fuerte erotización en algunos centros nocturnos. En la discoteca más popular, donde el público promedia los 25 años, strippers de ambos sexos protagonizan atrevidos shows con los asistentes. Jean, uno de los bailarines, termina su número y cuenta que se puede llegar a tener sexo en vivo, de acuerdo a cuán "prendida" esté la gente: "Puede suceder, aunque nos cuidamos. Acá es distinto a otros lugares del país...Puede ser por el clima".
Es precisamente en este tipo de centros de diversión donde las ONG y la autoridad sanitaria distribuyen condones y material educativo, preferentemente en verano.
Cada vez más jóvenes
La jefa de Salud Pública de la Seremi de Salud, Ivonne Sanhueza, revela otra preocupación: el aumento del contagio entre los 10 y 19 años, cuya tasa es cuatro veces más alta que en el resto del país, con 114,5 casos por 100 mil habitantes, versus los 25,9 casos de media nacional. Uno de los "peros" que encuentran los jóvenes para hacerse el examen, cuentan en el hospital, es que para someterse al test de Elisa se necesita el consentimiento de los padres. "Hubo dos jóvenes que esperaron hasta los 18 años para hacerse el examen y efectivamente estaban contagiados. Les temían a los padres. Se debería flexibilizar este requisito y bajar la edad", indica Ana Miles, doctora tratante de enfermos de sida en el hospital.
Algunos travestis y trabajadoras sexuales esperan en la sala. Ellos también son parte de la situación. Según cuentan en el recinto, la población que ejerce el comercio sexual no tiene obligación por ley de controlarse. De 120 trabajadoras que tenían registradas hace cuatro años, hoy sólo un 10% chequea si tiene el virus. Hay otro problema, cuentan, cada temporada llegan prostitutas extranjeras a la zona.
Entre los "puentes" o nexos que han investigado los epidemiólogos en Arica para explicar su realidad, están los hombres que se contagian con otros hombres y luego transmiten el virus a sus parejas mujeres, como fue el caso de Nelly. Muchos son homosexuales y no lo admiten. Uno de ellos es Winston (41), quien asiste a reuniones de la organización Solensi, que ayuda con medicamentos y alimentos a enfermos de sida. "Acá en la ciudad pensamos que jamás nos pasaría, que nunca nos contagiaríamos y que tampoco podíamos transmitirle enfermedades a nadie. Tampoco teníamos la cultura de cuidarnos, de prevenir hace 10 años", relata. "He visto fallecer a 25 amigos, aproximadamente".
El problema de la educación
"Son los padres los que se han opuesto a abordar esta materia en los colegios", reconoce el seremi de Salud, Luis Sandrock, cuando se le consulta sobre la información preventiva a los escolares en la región. Debido a ello, los colegios -en forma discrecional- abordan la materia y otros, simplemente, la obvian.
La seremi, la OPS y Onusida trabajan en una política de prevención con el sector educativo, acceso a pruebas rápidas de VIH en grupos específicos, estudios de prevalencia, trabajo con migrantes y la implementación de un centro de información para grupos específicos.
Otra entidad que trabaja en la zona es Solensi, que apoya a los enfermos. Margarita Cancino, presidenta de la ONG, sostiene que uno de los problemas que viven los enfermos es "el desempleo y que no cuentan de su realidad a sus familias".
Fuente La Tercera