Columnas de opinión

Los desafíos en VIH/SIDA a 31 años del inicio de la epidemia

Prof. Dra. Cecilia Sepúlveda Carvajal
Decana Facultad Medicina de la Universidad de Chile

 

Desde su reconocimiento en 1981, la epidemia del VIH/SIDA ha continuando evolucionando llegando a constituir el mayor desafío en la salud global, con alrededor de 34 millones de personas viviendo con VIH en el mundo.  

Si bien los primeros casos identificados ocurrieron en hombres que tenían sexo con hombres en los EE.UU y en Europa oriental, el mayor impacto de la epidemia ha sido en Africa sub-Sahara, donde la enorme mayoría de los casos ocurren por transmisión heterosexual. 

 Según el informe de la ONUSIDA del año 2011, del total de personas viviendo con VIH/SIDA casi 16 millones son mujeres y 3,4 millones son niños y niñas. Esta población representa el 57% de todos los casos registrados a escala global. Y en América Latina unas 560.000 mujeres y niñas viven con VIH, lo que constituye un poco más de 1/3 de todas las personas que tienen el virus de la región.

Los avances de la medicina han transformado al SIDA de ser una enfermedad mortal a una enfermedad crónica. Los mismos avances terapéuticos han logrado disminuir el número y frecuencia de medicamentos, desde alrededor de 15 o 20 comprimidos al día distribuidos en varias tomas a una o dos al día, reduciendo además significativamente los efectos secundarios. En Chile también ha habido avances, entre los más notables, el control de la transmisión vertical de madre a hijo, como de la transmisión sanguínea y sus derivados; y que el país haya podido garantizar medicamentos a las personas viviendo con VIH/SIDA a través del AUGE.

Al inicio de la cuarta década de la pandemia, los enfoques biomédicos en la prevención están emergiendo como posibilidades reales, que podrían complementar los esfuerzos en educación y prácticas sexuales seguras. Es así como varios ensayos clínicos han mostrado con fuerte evidencia que el uso de drogas antirretrovirales, tanto en el tratamiento de las personas viviendo con VIH/SIDA como su uso profiláctico pre-exposición, es eficaz en la prevención de la transmisión sexual del virus.  Esto sugiere que el uso precoz de la terapia antirretroviral podría contribuir de manera sustancial a reducir la transmisión sexual del VIH.     

Las medidas de prevención de la transmisión del VIH de madre a hijo han probado su eficacia, también en Chile como ya lo señalamos. La intervención más importante en este caso es identificar y tratar a la mujer embarazada que requiere terapia, discutiéndose en la actualidad si no sería más costo-efectivo efectuar tratamiento a toda mujer embarazada con VIH, independientemente de su recuento de linfocitos CD4+, especialmente en los países con mayor incidencia de transmisión vertical.    

Sin embargo, subyacen inequidades y problemas en la atención de las personas con VIH/SIDA que es necesario afrontar en nuestro país. No es extraño que muchas personas con VIH/SIDA se quejen de que deben esperar un promedio de 2 a 3 horas en los hospitales públicos; que los médicos apenas dedican 5 o 10 minutos para su atención; o que no se les entrega los resultados de sus exámenes –cuando son de su propiedad- para derivárselos directamente al profesional que los atenderá en uno o dos meses más. ¡Se hace fundamental  mejorar la calidad de la atención!

Y la atención de especialistas se mejora cuando se tiene acceso a ellos y éstos no están colapsados atendiendo un paciente tras de otro. Por lo tanto, se hace urgente aumentar el presupuesto de salud para reducir el déficit de 1.500 especialistas que tiene el sistema público de salud y para generar una política de recursos humanos que retenga a los profesionales altamente calificados en el sistema público, entre muchas otras medidas necesarias de realizar para fortalecer nuestro sistema.

Chile necesita más presupuesto para –entre otros- mantener siempre actualizados los criterios de tratamiento del VIH/SIDA. La evidencia científica nos está indicando que es más costo/efectivo que los fármacos se inicien al momento que el paciente es diagnosticado y no esperar a que la inmunidad baje hasta determinado umbral. De esta manera, las personas tendrían menos carga viral y menor capacidad de transmitir el virus, lo que es importante para cortar la cadena de la infección, además de mejorar y/o mantener su condición de salud.

Asimismo se hace necesario más presupuesto, pero también más voluntad política, para realizar campañas de educación más sistemáticas, directas y claras. Priorizar el condón como una alternativa de prevención debe ser parte importante de estos esfuerzos. Como también se deben realizar campañas más sostenidas, focalizadas en los hombres que tienen sexo con hombres y, de una vez por todas, enfrentar comunicacionalmente  el aumento sostenido de mujeres que son infectadas por sus parejas estables. Hoy ese es un tema tabú para las campañas comunicacionales y educativas.

No obstante, mucha más voluntad política y visión se requiere para que el Estado chileno mantenga una política pública que desarrolle programas de educación sexual para adolescentes en las que se promueva la importancia de prevenir el embarazo, pero también el VIH/SIDA, a través de métodos eficaces como el preservativo. El hecho que el Gobierno ofrezca una gama muy diversa de programas de educación sexual, casi a gusto del consumidor, sin optar por aquellos que promuevan la no discriminación ante diversas condiciones sexuales y personas que viven con el VIH o enseñen a usar el preservativo, da cuenta de falta de voluntad política al respecto.

Otro de los desafíos para nuestro país y que tiene que ser impulsado desde el Estado, a fin que la empresa privada lo asuma, es el mercadeo de los preservativos. A casi 30 años de la epidemia, en Chile, el condón aún  se vende exclusivamente en las farmacias y no está presente en los supermercados, grandes almacenes y mucho menos, se dispone de expendedores.

Este año, Chile dio un paso relevante con la ley antidiscriminación, aunque a muchos nos hubiese gustado que fuera más integral y completa. Se hace necesario fomentar políticas públicas que promuevan el respeto, el pluralismo y la diversidad, a fin de hacer de estos valores parte de nuestra cultura. No se pueden repetir casos como el asesinato de Daniel Zamudio ni el instructivo del Ejército que discrimina a los homosexuales del Servicio Militar. Pero tampoco se puede aceptar una práctica soterrada, que aún permanece en nuestro país, como despedir a personas que viven con el VIH por razones no médicas, lo cual impide la legítima defensa.

Y sin embargo, el gran avance de la medicina al crear nuevos y mejores fármacos, nos trae otro gran desafío: el envejecimiento de las personas que viven con el virus. La sobrevida sobrepasa los 15 años de vida y desconocemos cómo va ser la vejez de nuestros pacientes con 30 o 40 años de terapia. Sin duda es un gran reto para la medicina y para todos quienes trabajamos en el tema: tenemos que estar preparados para ello promoviendo y efectuando más investigación al respecto.

 

 

 

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