Columnas de opinión

Trabajadoras sexuales: La represión obstaculiza la prevención

María José Clunes, socióloga Fundación Margen.

Agosto de 2013

Ser mujer y disponerse a trabajar en el rubro del comercio sexual en una calle o un local, es una decisión que al ir más allá de lo que dicta el decoro, contraviene algunos principios moralizadores de nuestra sociedad históricamente dominada por una sola visión, sus instituciones y enseñanzas.

Para muchas personas el Trabajo Sexual puede ser algo indeseado, siendo una forma de explotación de los cuerpos demasiado real para ser cierta. Las razones para esto pueden ser de muy variada índole; sin embargo toda aquella visión que invisibiliza el Trabajo Sexual, nos niega la posibilidad de concebir que en este rubro haya mujeres libres, soberanas, decididas a trabajar con su sexo para cumplir su rol de madres y jefas de hogar.

Ante esta situación, las policías son las llamadas a ‘cuidar y defender la moral’ y amparados en este precepto cuasi divino impulsan políticas de ‘control’ que rayan en el absurdo y dan cuenta del vacío legal –por ende, desprotección- que rodea a las Mujeres Trabajadoras Sexuales (MTS). En un reciente informe elaborado con el Observatorio de Políticas Públicas en VIH y SIDA y Derechos Humanos, focalizado a la población de mujeres que ejerce el comercio sexual comprobamos, que el hostigamiento policial toma múltiples formas, aplicando grandes sanciones a pequeñas faltas en las que pueden incurrir las MTS (tipificadas o no en alguno de los cuerpos legales dentro de los cuales se pueden penalizar alguna conducta propia del comercio sexual) o acosando a las compañeras con medidas como el control de identidad u otros.

Esta situación encuentra sus cimientos en el hecho de que no haya regulación específica para el Trabajo Sexual en el país, ni tampoco un posicionamiento político claro de las autoridades hacia el tema; por tanto, queda sujeto al ‘criterio’ de cada carabinero, policía o  inspector, la estrategia para vigilar y controlar este espacio. Esto permite que bajo el imperio de negación se cubra esta realidad y estigmas y prejuicios encuentren tierra fértil para reproducirse fácilmente, con lo cual la MTS no sólo es discriminada sino que es violentada y castigada por ser quién es.

Ahora bien, hasta este punto podríamos estar hablando sólo de consecuencias propias de un acto vejatorio contra quienes se dedican al Trabajo Sexual, para lo que -con suficiente tiempo- podríamos abrir una senda de restitución de derechos a las MTS y generar estrategias de sensibilización que permitan disminuir los estigmas que rodean a las MTS; sin embargo, la irracionalidad que rige a las autoridades policiales y su afán represivo per se, sin un sentido claro, permite que la portación de preservativos sea usado como medio de prueba del ejercicio de la prostitución y, por ende, sea la causa de una sanción.

En este sentido, se vuelve común que las MTS teman a portar condones y, de tenerlos, exista la posibilidad de que éstos sean requisados en algún control policial o por la persona que regenta el local. Todo esto en función de negar y ocultar que se está trabajando sexualmente, contradiciendo toda política de prevención de VIH/SIDA e ITS que recomienda asegurar la protección para poblaciones de riesgo.

Esta situación, sin duda, constituye un atentado a nuestro trabajo diario en prevención y organización de las MTS, ya que –tal como veíamos en el informe desarrollado con el observatorio de políticas públicas de SAVIA- la conciencia sobre la necesidad del uso del preservativo ha sido sólo consecuencia de una ardua labor de entrega en terrenos, que realizan semanalmente monitoras en salud y prevención en VIH/SIDA de la Fundación Margen, Trabajadoras Sexuales activas o en receso, que hacen frente a conductas de riesgo de compañeras educándolas sobre su autocuidado, sus derechos y la necesidad de organizarse.

Frente a esto, se requiere de la determinación de las autoridades competentes para que apoyen nuestra obra desde lo mínimo que necesitamos para continuar este trabajo como lo es la entrega periódica de todos los preservativos que sean necesarios para cubrir la demanda de las MTS, el acceso a espacios de control de salud sexual libre de estigmas y la decisión de frenar los abusos policiales de una vez por todas. Solo así podremos avanzar.

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